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:: Cuando las letras son negras ::Una mano
Cuando el mundo se tambalea, una mano me basta para sostenerlo. Sin ayuda lo levanto, cada vez con menos esfuerzo. Porque yo puedo. Lo sé, lo siento. Siempre puedo. Después de cada victoria, crezco un palmo, una mitad a lo largo y la otra a lo ancho. Enormemente, me enorgullezco. No es cuestión de soberbia: si no lo hago por mí misma, no tiene ni valor ni mérito. La energía resultante se pierde, es sustituida por dependencia y miedo. Así que, mientras pueda, yo no delego. Lo sé, lo siento. Siempre puedo.
La autonomía es una droga. Un solo logro y estarás enteramente perdido... O eternamente a salvo.
Sandra Arteaga Lejos
Lejos la espera no acaba porque nunca empieza. Sandra Arteaga Amalia
Esta mañana, el sonido de las botas golpeando contra el asfalto es música para los oídos de Amalia. A veces tiene demasiado tiempo para reflexionar y fumar hierba; al día siguiente, se despierta con la certeza de que el mundo es un asco y, la sociedad, verdaderamente miserable. El profundo hastío provocado por la carencia de valores en los seres de su alrededor la sume en una especie de euforia colérica, un estado de omnipotencia pasajera que le permite creerse capaz de enderezar cualquier cosa que se tuerza. Tac. Tac. Tac. Tac. Tac. Tac. Tac. Las hebillas de las botas resuenan mientras camina hacia la estación; se le ha hecho tarde y le gusta llegar puntual, así que va deprisa. Está muy cerca del ascensor cuando ve venir el tren a lo lejos. Corre, está segura de que le dará tiempo. Pero las puertas automáticas se sellan en sus narices; la gente tiene prisa y las cierran desde dentro. Ag, mierda, qué cabrones. Tac. Tac. Tac. Tac. Tac. Tac. Tac. Amalia golpetea nerviosamente el cristal del ascensor mientras observa cómo baja el contrapeso. Venga, venga, me da tiempo. Pero, cuando las puertas se abren, no se apresura para montar; se queda clavada, mirando fijamente sin saber por qué al hombre alto del fondo que espera para salir. Se concentra y, de repente, reconoce esa energía única, especial, genuina. Antes de que pase por su lado, ya ha caído en la cuenta. Joder, es Juan. Continuará Sandra Arteaga A dónde ir
Los carteles de las calles desaparecen, se desconchan las paredes; la vieja suciedad del asfalto emerge de repente. Ni rastro de clase o progreso. Todo frío, vacío. Negro. Pero no, el exterior ya no me provoca desconsuelo. Ahora sé dónde se esconde la luz y a dónde ir cuando me pierdo.
Soy realmente idiota. Sandra Arteaga Eurídice
Respondí al reclamo y quedé fascinada. No es que fuera pálida, refulgía. Proyectaba una energía inmensa, potente, controlada y contenida. Los destellos que hallé en sus ojos habían atrapado más de mil inviernos. Y sonreía como lo hace quien conoce el final de la película. Se sentó a mi lado, fumó conmigo. Me reveló algunos secretos del mundo y del destino. Me dijo que no prestara atención a lo frívolo, que es posible encontrar lo profundo, lo puro, lo auténtico. Que tras destapar la caja de los por qués llegaría el momento. Y que me sorprendería ver que, lo que buscaba, lo tengo desde el comienzo.
Sandra Arteaga Comparativa de traductores online / En dos minutos
Song To Say GoodbyePLACEBO Verdad
Pronto, deja de conformarse con sólo armar jaleo. Muerde más hondo, más profundo; en el fondo, bien adentro. El temor no le basta; reclama reconocimiento, busca aceptación y espera respeto. Como una mosca atrapada, necesita ayuda para liberarse y encontrar su sendero; sólo parará cuando pueda desplegar sus alas y unirse con el viento. Si en la noche viene a visitarte, puedes evitar el tormento. No seas juez ni verdugo: la bestia no es buena o mala, sólo sigue su instinto; es su finalidad, su destino. Préstale atención, ofrécele consuelo. Para conseguir la paz, enséñale el camino. Libre ella, libre tú; algo importante aprendido.
Sí que sé. Sandra Arteaga Fiebre
Durante el estado febril se levanta el velo que habitualmente nubla el sentido. Se puede deambular por caminos cercados, distintos. Las puertas no son blindadas, ni están cerradas con pestillo. No hay atalaya, ni muro, ni foso, ni abismo. Lo que salta a la vista no es consecuencia del delirio. Es la verdad desnuda, sin adornos ni postizos. La razón prioriza cuando está bajo mínimos. Todo lo que no importa es bruma, es silencio, es olvido.
Sandra Arteaga 9月24日 Comparativa de calendarios online / En dos minutos
Mío
Yo mando y yo ordeno; yo ejecuto, yo decido cuándo apago y cuándo enciendo. Yo determino cuándo es mejor caminar y cuándo alzar el vuelo. Porque mío es el rumbo, mía es la velocidad, mío es el viento. Mía es la luz, mía es la vida y mío es el tiempo. Mía es la capacidad para congelarlo todo. Mío es este momento.
Nunca he sido más libre. Ni más feliz.
Sandra Arteaga Tacto
La piel no es barrera suficiente para contener la inmensa energía que bulle debajo. Dos manos que se toman la conducen, o un beso, o un abrazo. Pasa del uno al otro, y del otro al uno. Rápido. Y vuelve cargada de emociones y certezas. De significados que escapan al control de raciocinios absurdos. De sensaciones que conectan esencias.
Sandra Arteaga 19
Símbolos, coincidencias, señales y otras pistas te avisan. Desde un principio, cada ruta está definida. Y puedes aprender a leer entre líneas. Encuentra tu propia marca, la de cada cual es distinta. Palabra, número, perfume, color, sensación o melodía. Siempre es algo especial, algo que significa. Cuando des con ella, síguela. Y confía; lo que necesitas está al llegar.
Sandra Arteaga Casualidades extrañas
Un cúmulo de casualidades extrañas se produce: el mundo, que debería dormir, conspira. Las costumbres se rompen, pero sólo por un día. Una vuelta de más; una última mirada, al parecer, fortuita. Un leve impulso que susurra “quédate, no te marches todavía”. De repente, percibes presencia, aroma; energía. Presta atención: notarás cómo la rueda gira.
Sandra Arteaga |
Números en los que he colaborado
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